Hermana Cristina
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San Fernando

 

En el Carmelo de San Fernando

Una fundación providencial. 15 de octubre de 1946. "De las estribaciones de Sierra Nevada a orillas del Atlántico".

Dada la tensa situación que se había creado en el seno de la comunidad, se pensó una solución que resolviera el problema en bien de la paz conventual; era necesario salvar para la Orden la vocación de la Hermana Cristina; este nuevo Carmelo era una solución providencial; en el vivió los últimos 34 años de su vida. Para sus hermanas de la Granja guardó Cristina el más grande aprecio y gratitud y el indeleble cariño de su corazón.

"Aquella mañana, ¡qué amanecer!, ¡el día de Ntra. Santa Madre Teresa de Jesús!, ¡15 de octubre de 1946! . ¡Qué despertar! Se veía venir el amanecer. Estoy loca de contenta, ya llegó el día tan deseado de estar dentro de nuestro Convento, de nuestra clausura. Si vierais qué alegre es, qué bonito y qué bonitos jardines tiene. Como se expansiona el alma, en esta soledad de estas salinas. ¿Cómo podré yo explicárselo a ustedes, cuando el alma está ya en su centro ya gozando del extracto de lo que el mundo le llama cruz, que para nosotras es delicia y nuestro refrigerio, donde estamos sacrificándonos y pidiendo por el mundo entero, para hacer que amen y conozcan más a Dios Nuestro Señor, a su Criador y a su Redentor".

Hermana Cristina
La Hna. Cristina en el patio del convento isleño

Muchas habían sido las dificultades para encontrar la casa y establecer la Fundación, por eso su alegría era inmensa. Iba a cumplir lo que tanto deseaba: poder vivir escondida, desconocida. Quiso que la llamasen sólo Hermana María, para que no la reconocieran.

La compra de la casa para la fundación era donación de Dña. Dolores Herrera, madre de la M. Trinidad de S. Juan de la Cruz (priora del nuevo Monasterio), con la herencia que correspondía a su hija. Su propósito era además hacerse cargo de todos los gastos iniciales; proveer la Sacristía y las demás oficinas del Convento del mobiliario y los enseres; que la comunidad tuviera lo necesario. Pero Dña. Dolores murió inesperadamente, eran los años de la posguerra española en los que el pan estaba racionado y muy escasos los alimentos básicos. La economía de la nueva comunidad era verdaderamente precaria. Empezaron la vida con la sola riqueza de la misericordia del Señor.

La "Mendiga de Jesús"

La priora, con gran confianza y cariño, le encomendó desde el principio "hacer lo que esté en su mano para sacar adelante la comunidad". Le dieron libertad de acción para desenvolverse como si fuera la misma priora, pues en su nombre y por su mandato comenzaba a actuar. Cuando los isleños la fueron conociendo les ayudaron con verdadero desinterés, pronto se fue descubriendo la verdadera personalidad de la "Hermana María". Venían a encomendarle sus necesidades. Por el cariño, admiración y agradecimiento que le tenían ayudaban a la comunidad. Grandes bienhechores del Monasterio de Ogíjares lo van a ser de este nuevo palomar precisamente por amor a ella. Pedía con tal gracia que se desbordaban en generosidad. Sabían que no pedía para si, reconocían las bendiciones y favores que su oración humilde y sencilla alcanzaba del Señor.

Le costaba mendigar, "a eso no se acostumbra uno", decía. "Yo sigo con mi cargo, el de los apurillos…" El agradecimiento de Cristina a sus bienhechores no tenía límites: "Dios se lo pague, Dios se lo pague, Dios se los pague; ¡con qué pagar tantísimo!, agradecidísima, agradecidísima, agradecidísima; millones de Dios se lo pague", eran algunas de sus expresiones.

Toda su vida fue, como ella misma se decía, "El cireneo de las prioras", "la mendiga de Jesús", "madre oculta". Dirigía además las obras de los muchos arreglos que necesitaba la casa y estaba al cargo de los trabajadores que entraban en la clausura. Sin protagonismo, en su humildad y rudeza, con su gran amor y entrega fue sacando adelante a la comunidad.

 
Hermana Cristina
Cristina, el día de sus bodas de oro.

¿Qué dedo me corto que no me duela?

La hermana Cristina probó en su cuerpo toda clase de dolencias. Su gran actividad contrasta con sus enfermedades frecuentes y a veces misteriosas. Sabía por experiencia lo que era el dolor, eso la hizo muy sensible al sufrimiento de los demás. A todos compadecía. Con mucha frecuencia conmovida pedía al Señor que le pasara a ella las enfermedades y dolores, y su oración era escuchada. Se ofrecía así para sufrir, para aliviar a los demás, no solo de un modo espiritual sino también físico. Apremiada desde su interior, a veces la llamaban, o veía los peligros y necesidades desde dentro, sin que recibiera ninguna noticia externa. A veces se pasaba parte de la noche en oración pidiendo al Señor misericordia, otras veces, el don de bilocación la llevaba al lado de algún enfermo, en el hospital. Sabemos del testimonio de soldados heridos en el frente de guerra a los que ella socorrió. Muchos fueron los dones extraordinarios que la Hermana Cristina recibió toda su vida: visiones, revelaciones, éxtasis, bilocación… ella no le daba importancia, sabía bien su propia nada, un "microbio", sólo deseaba amar a Dios y a sus hermanos con un amor humilde y fuerte, unida a la cruz del Señor.

Con frecuencia venían al locutorio en busca de luz y consuelo, a pedirle consejo y oración, en ella descargaban toda su angustia, y salían llenas de consuelo, admiradas al sentirse adivinadas en sus más ocultos pensamientos, de sus sencillos y acertados consejos. A veces sabía de antemano lo que iba a suceder o lo que había sucedido como si hubiera estado presente y sin que nadie se lo hubiese contado. Fueron muchos los milagros y curaciones que alcanzó en vida, aunque ella siempre decía que había sido el "Médico Divino" o la Virgen "Ntra. Madre del Cielo, nuestra Reina".

Su vida entregada es fuente de bendición para todos, su oración constante, "como esa llovizna que va empapando y cala, y no se dan cuenta".

Era muy alegre y simpática, con un gran sentido del humor. El año 1965 quedó ciega, pero no por ello perdió su alegría. Conseguía hacernos olvidar que no podía vernos.

Hermana Cristina
El en patio, alegre, tocando las palmas.

El 24 de Marzo de 1980, muy gastada su naturaleza por tantas enfermedades, con toda paz y lucidez, besando el crucifijo con fervor e implorando la ayuda de nuestra Madre la Virgen, entregó su alma al Señor.

Desde el cielo sigue velando por todos como "madre oculta".

© Web Oficial de la Hermana María Cristina de Jesús Sacramentado. Carmelitas Descalzas de San Fernando, Cádiz. España